
Una delegación que incluía a dos ministros del gobierno de transición sirio y al jefe de inteligencia llegó a Riad el miércoles 1 de enero para una primera visita oficial al extranjero de los nuevos líderes sirios (los terroristas islamistas que derrocaron al presidente Bashar al-Assad)
Esta delegación encabezada por los ministros de Asuntos Exteriores, Assaad al-Chibani, y de Defensa, Mourhaf Abou Qasra, y el jefe de los servicios de inteligencia, Anas Khattab, realiza esta visita «por invitación del ministro saudí de Asuntos Exteriores», indicó la agencia oficial 'SANA', citando una fuente de la diplomacia siria.
Assaad al-Chibani dijo que esperaba abrir «una página nueva y brillante» con Arabia Saudita cuando llegara al reino el miércoles, en su primera visita al extranjero.
«Esta primera visita en la historia de la Siria libre nos permite abrir una nueva página en las relaciones sirio-saudíes, acorde con la larga historia compartida entre nuestros dos países», afirmó el jefe de la diplomacia siria.
La diplomacia saudita comunicó en la red social 'X' sobre la llegada de la delegación.
En diciembre, una fuente cercana al Gobierno declaró a la 'AFP' que una delegación saudí se había reunido en Damasco con el nuevo líder sirio Ahmed al Charaa, líder del grupo islamista radical Hayat Tahrir al Sham ( HTS ).
En una entrevista la semana pasada con la televisión saudita 'Al-Arabiya', Ahmed al-Charaa dijo que Arabia Saudita «sin duda desempeñará un papel muy importante» en Siria, donde podría aprovechar «grandes oportunidades de inversión».
La economía y las infraestructuras de Siria han quedado devastadas por la guerra civil que estalló en 2011 con el intento del Gobierno de contener las protestas opositoras al presidente Bashar al-Assad.
Arabia Saudita rompió lazos con el gobierno de Assad en 2012 y luego apoyó a grupos rebeldes que intentaban derrocarlo del poder. Pero en 2023, Riad restableció sus relaciones con Siria y trabajó para el regreso de Damasco a la Liga Árabe, poniendo fin a su aislamiento diplomático.
La monarquía conservadora del Golfo es también un mercado importante para el captagón, una anfetamina producida en Siria y el Líbano, según la ONU. El tráfico de drogas durante la era Assad convirtió a Siria en uno de los narcoestados más grandes del mundo.
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