Myanmar: La ayuda humanitaria se ve obstaculizada por las restricciones gubernamentales y la magnitud de los daños

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Una semana después del terremoto que azotó Myanmar, el saldo humano y material sigue aumentando. Según la junta gobernante, más de 3,000 personas han perdido la vida y más de 4,000 han resultado heridas. Miles de víctimas quedan sin hogar y se ven obligadas a sobrevivir en condiciones precarias.

Las operaciones de rescate, ya de por sí difíciles, se ven obstaculizadas por el estado de las infraestructuras y las restricciones impuestas por las autoridades. La ayuda internacional empieza a llegar, pero sigue siendo insuficiente. Según el gobierno militar, se han movilizado 17 países, así como organizaciones internacionales como la ONU y la Cruz Roja.

Sin embargo, el acceso a la ayuda humanitaria sigue siendo un gran desafío. Los vuelos comerciales a Mandalay, la segunda ciudad del país y epicentro del terremoto, han sido suspendidos. Las carreteras, en mal estado e incluso destruidas en algunos lugares, complican aún más la entrega de ayuda.

A ello se suma la actitud de las autoridades birmanas, acusadas de frenar la intervención de ciertas ONG cuando las necesidades humanitarias son inmensas. Un profesor de Mandalay testifica: «Mucha gente ha perdido sus hogares. Acampan en el estadio de fútbol; no les queda otra opción. Aunque las autoridades no les den tiendas de campaña, tenemos que ayudarnos mutuamente. La gente comparte agua y comida».

Según la ONU, más de 17 millones de personas se vieron afectadas por el desastre. Oficialmente, varios cientos de personas continúan desaparecidas. El coste, ya de por sí elevado, podría ser aún mayor. Los equipos de rescate continúan la búsqueda, aunque la esperanza de encontrar supervivientes se desvanece, según el profesor. Vi equipos de rescate chinos y rusos. Llegaron a Mandalay hace dos días. Cuentan con vehículos y tecnología para escanear edificios y buscar personas, vivas o muertas.

Esta tragedia humanitaria se produce en un momento en que Myanmar ya se encuentra sumida en una guerra civil desde el golpe militar de 2021. A pesar de la emergencia, el ejército birmano continúa con sus ofensivas, incluso en las zonas afectadas por el terremoto. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos estima que estos ataques causaron más de 3,000 muertos en una semana, una cifra equivalente a la del terremoto. Esto ocurre a pesar de que la junta anunció un alto el fuego temporal hace dos días.

Este jueves, el líder de la junta golpista, Min Aung Hlaing, viajó a Bangkok para una cumbre regional que tuvo lugar este viernes, un viaje poco común ya que él y su régimen son blanco de sanciones internacionales. Su recepción en Tailandia ha provocado fuertes críticas por parte de varias ONG. Los manifestantes lo llamaron "asesino" y denunciaron la represión y la violencia en Myanmar. Una protesta que no gustó a las autoridades tailandesas: dos activistas birmanos fueron arrestados durante estas manifestaciones.

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