Editorial - Conflicto Israel Palestina


El posicionamiento del denominado mundo occidental en favor de la ocupante potencia israelí tiene sus explicaciones y justificaciones. Desde hace ya años que las potencias occidentales giran en torno al régimen de Tel Aviv sin ningún pudor y ante el sufrimiento constante del pueblo palestino.

Sin embargo, resulta increíble que ante la brutalidad con la que es tratada la población civil Palestina, pocos países hayan pedido un cese a las hostilidades y retornar a las vías del diálogo y el entendimiento pacífico de las diferencias.
Por el contrario, Estados Unidos y sus aliados europeos han trasladado en discursos y acciones su apoyo al "derecho" de defensa de Israel.
En concreto, la Casa Blanca moviliza equipamiento y recursos para asistir a su aliado en Oriente frente al conflicto desatado con el grupo Hamás, que cuenta con varias ramas armadas, pero que está constituido fundamentalmente como un partido político.

Salvo escasas excepciones, los altavoces mediáticos que dependen de Occidente se han entregado totalmente a calificar a la población palestina de terrorista, asesinos y criminales cuando la realidad es que desde hace más de 50 años soportan la ocupación ilegal de su territorio y ven cada día cómo miles de sus hermanos, hijos y padres mueren a manos del estado terrorista israelí.
Nadie ha salido a dar la cara por las víctimas de una tragedia que no comenzó en este siglo y aparentemente tampoco terminará ahora.
El pueblo palestino sufre en carne propia las consecuencias del olvido, la exclusión, la persecución, el estigma, el racismo y las manifestaciones puras y directas del apartheid practicado por la entidad sionista.

Ante esto, cabe preguntarse: ¿Si por un ataque contra Israel se califica a Palestina de terrorista, por qué no sucede lo mismo con 50 años de ataques israelíes contra Palestina?
Las grandes naciones que patrocinaron la creación de Israel, desde Rusia hasta Estados Unidos, saben muy bien a qué apostaron, aunque ello significara la progresiva desaparición de un pueblo histórico, milenario y de incalculable valor.
Estas naciones se han dedicado en cuerpo y alma a tratar de legitimar la creación de un estado bestial al que no le importa saltarse las barreras ya no del derecho internacional, sino del humanismo y la moral, con tal de expandir sus fronteras y tomar las tierras que un supuesto Dios le concedió.

La muerte de tantas personas a manos de Israel es responsabilidad directa de aquellos que lo legitiman, de quienes le aplauden y de quienes se entregan a sus relatos y operaciones de propaganda, blanqueo y lavado de cara.
Israel no es una democracia. Es un Estado de apartheid, criminal y genocida que oprime a millones de civiles y violenta los derechos de toda una nación. Esa es la cruda realidad.

Comentarios